Tema 5: la historia de la salvación y la Iglesia católica

…Era importante tratar primero las creencias católicas y la Escritura para poder adentrarnos en la relación de la fe católica con Dios como una «historia». En el próximo tema abordaremos la historia de fechas y lugares, pero mucho más importante es contemplar nuestra historia desde la salvación.

Cuando hablamos de «historia» en relación con la Iglesia, lo hacemos de dos maneras distintas. Está la historia «antropológica», parecida a la que se estudia en ciencias sociales, con fechas, lugares y acontecimientos. La trataremos en el próximo tema. Mucho más importante es la verdadera historia de la humanidad, que es también nuestra propia historia: la historia de la salvación.

En la fe católica es fundamental centrar toda la vida en Dios. Puedes elegir: entrar en el «egodrama», una vida centrada en tus deseos y necesidades, o concentrarte en el «teodrama», que consiste en vivir enteramente para el plan que Dios tiene para ti. La fe católica trata, evidentemente, del teodrama. Como dice san Pablo:

Pero la verdad es que yo estoy muerto a la ley antigua, por lo que me enseña la ley misma; a fin de vivir para Dios, estoy clavado en la cruz con Cristo;

y yo vivo ahora, o más bien no soy yo el que vivo, sino que Cristo vive en mí. Así la vida que vivo ahora en esta carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó a sí mismo a la muerte por mí.

San Pablo, Gálatas 2, 19–20 — Torres Amat

Aquí estamos, pues, invitados por Dios a entrar en su propia historia. Al considerarlo y adentrarte en ella, comprendes lo apasionante y amplia que es. Compárala con la alternativa mezquina, gris y aburrida de inventarte tu propia historia y vivir tu «egodrama».

La manera en que vivimos según esta disyuntiva —«para nosotros mismos» o «para Dios»— es, en esencia, la historia de la salvación. Es nuestra historia y es tu historia. Es fundamental que los católicos comprendan que forman parte de un gran plan y que Dios lo ha tenido para nosotros desde el principio.

Si quieres un ejemplo perfecto en la Escritura, piensa en la Visitación, cuando María, después de la Anunciación, visita a Isabel. Dios ha confiado una misión a ambas, y las dos la asumen con alegría, entran de lleno en el teodrama y viven el plan que Dios tiene para ellas.

Dividamos la «historia de la salvación» en una serie de actos. Muchos teólogos han realizado este ejercicio; aquí seguiremos la división de N. T. Wright, que la presenta, en esencia, como una obra de teatro en cinco actos:

Acto 1: la creación

Para los católicos es imprescindible comprender que la creación por amor divino precede a la caída. Fuimos creados de la nada y destinados a actuar de manera sacerdotal —como mediadores entre Dios y la creación— y regia —manteniendo el orden entre las criaturas inferiores a nosotros—. El ser humano fue creado al final de una sucesión de creaciones, para encabezar la «alabanza debida» al Creador.

Además, nuestra función «regia» consistía en salir en misión y extender el Reino de Dios por el mundo, dando siempre al Creador la «alabanza debida».

Es muy importante que los católicos recordemos y reconozcamos en nuestra fe que la creación es anterior a la caída. Esta es una de las diferencias más llamativas entre el catolicismo y muchas formas de protestantismo, si no la mayoría, que insisten más en la caída y en nuestra depravación y condición pecadora inherentes. Los católicos reconocemos profundamente la caída, pero recordamos siempre que todo comenzó con el amor divino en el acto de la creación.

Acto 2: la caída y el pecado original

El segundo acto de la historia de la salvación procede del Génesis y trata de la «caída». El relato de Adán y Eva comiendo del fruto prohibido representa, sencillamente, que nosotros mismos nos erigimos en jueces de lo que está bien y lo que está mal. Es la entrada del pecado original en nuestro mundo.

En vez de ser buenos «sacerdotes» y dar a Dios la «alabanza debida», comenzamos a adorar el mundo y a amar la búsqueda de riqueza, poder, placer y honor más que a Dios. Adán tampoco protegió el jardín y a Eva de la serpiente. Es un ejemplo de mal «rey».

Este relato alegórico es más relevante que nunca. La aceptación de la caída es quizá la principal división entre el mundo secular moderno y todo el cristianismo, no solo el catolicismo. Los cristianos creemos que debemos dar a Dios la alabanza debida y que solo Él puede poner las cosas en orden. Los secularistas modernos creen que sus ideologías políticas, sean de derechas o de izquierdas, arreglarán el mundo.

Quizá ningún periodo haya mostrado una incomprensión tan absoluta de la caída como el que siguió a la Ilustración, que abrió una nueva era de ética humana. La política degeneró en religiones completamente autosuficientes, cada una convencida de que, por sí sola, podía resolver los problemas sociales y humanos. Esto condujo al siglo más violento de la historia de la humanidad: el siglo XX. Toda ideología fracasa como herejía cuando cree ser la respuesta definitiva a todos los problemas.

Al comprender la historia de la salvación desde la perspectiva cristiana, deberíamos reconocer que todos estamos atrapados en ese estado de «adicción al pecado». Somos seres caídos y solo Dios puede salvarnos, como de hecho hizo. Sin embargo, seguimos en este mundo y debemos perseverar en la «alabanza debida».

El pecado original es la única doctrina que ha sido verificada empíricamente por dos mil años de historia humana.

G. K. Chesterton

Acto 3: la formación de Israel

Demasiados católicos, y también protestantes, pasamos de largo por el tercer acto de la historia de la salvación: la formación de Israel por Dios, que expresa sus esfuerzos por restablecer la relación con nosotros. En otras palabras, sigue tendiéndonos la mano para rescatarnos, incluso después de que le hayamos fallado. Esto es lo que conocemos como el Antiguo Testamento.

Digámoslo claramente: sí, la salvación culminó en Jesucristo, pero se preparó a lo largo de la prolongada relación de Dios con su pueblo, Israel.

Todo comienza con un relato de importancia capital: Abrán —que después recibirá el nombre de Abrahán— escucha una llamada que viene de más allá de sí mismo. Quédate con esa idea: «más allá de sí mismo». Él acertó. No es como Adán y Eva, que decidieron erigirse en jueces, ni como una ideología moderna autosuficiente que cree tener todas las respuestas. Abrahán obedeció y dio a Dios la alabanza debida. Sencillamente, escuchó al poder superior, obedeció y fue fiel.

Después de Abrahán continúa la historia de cómo Dios construye una relación con su pueblo santo, Israel. El Antiguo Testamento describe a un pueblo en marcha que, a través de muchas pruebas, avanza lentamente en su alabanza a Dios y vive en alianza con Él. La historia de Israel es una preparación para que encabece la «alabanza debida» en el mundo. El cumplimiento final con la llegada del Mesías recorre todo el Antiguo Testamento, desde el Génesis hasta la venida de Jesús. Nos conduce al siguiente acto de la salvación: Dios envía a su Hijo único para llevar esta misión al mundo.

Una última observación sobre este acto: desechar el Antiguo Testamento y la historia de Israel no es solo una mala costumbre; es también una herejía llamada marcionismo. Sin comprender esta larga historia de Dios con su pueblo santo, solo se puede tener una comprensión parcial de Jesucristo.

Acto 4: Jesucristo

Todo lo que los Evangelios cuentan de Jesucristo guarda relación directa con el cumplimiento del Antiguo Testamento. No se trata simplemente de un maestro sabio que aparece en escena, como en tantas «tradiciones de sabiduría».

Es aquí donde cobra todo su sentido la comprensión del Antiguo Testamento, de la historia de Israel y de su relación con Dios. ¿En qué consistía aquella alianza? Tenía dos partes: por un lado, Dios; por otro, su pueblo, Israel. ¿Quién es Jesús? Es el encuentro de esas dos partes. Jesús, plenamente Dios y plenamente humano, toma las dos partes de la alianza del Antiguo Testamento y las une en un solo ser: Él mismo. Al comprender quién es, puedes ver cómo todo lo anterior conducía a este acto.

Jesús «se hace pecado» y «desciende» hasta lo más profundo del pecado y de nuestro desorden, para salvarnos de su poder. Dios se hace hombre y, al cargar en la cruz con todos nuestros pecados, transforma por completo la relación entre el pecado y nuestra naturaleza. La Encarnación venía preparándose desde el principio; Dios entró en el tiempo y en el espacio, y este es el punto de inflexión de la historia de la salvación. Pero no es el último acto.

Acto 5: la Iglesia

Si vuelves al final del Evangelio de san Juan, que ofrece los relatos más densos de los últimos momentos de Cristo en la tierra, no encontrarás un desenlace agradable al estilo de Hollywood que lo cierre todo. A lo largo de Juan y de los otros tres Evangelios sinópticos, Jesús insiste en que sus apóstoles deben salir en misión para difundir la Buena Nueva por el mundo. Los Hechos de los Apóstoles y las epístolas preparan el escenario del último acto de la salvación, en el que vivimos ahora: la Iglesia.

Jesús entró en el Cuerpo Místico de la Iglesia y ahora se cumple, mediante ella, la intención original de Dios en la creación: que el ser humano salga en misión y actúe de forma sacerdotal y regia en nombre de Dios. Jesús es el nuevo Adán y se desposó con su Iglesia. La misión consiste en llevar al mundo a dar a Dios Padre la alabanza debida.

La historia de la salvación y los católicos

La historia de la salvación no es una nota al margen ni un campo especializado de las humanidades. Es LA historia del mundo: la historia completa de todos los que viven y de cuantos han vivido. Como miembro de la Iglesia católica, parte del Cuerpo Místico de Cristo al que entraste mediante el Bautismo y la Confirmación, y en el que te renuevas mediante los sacramentos, estás llamado a participar en esta misión de llevar la «alabanza debida» al mundo.

A continuación… Una versión condensada de nuestros dos mil años de historia, contada desde la perspectiva histórica tradicional.

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Sinopsis

La historia de la salvación es la historia de la relación del mundo con Dios. Al dividirla en cinco actos, vemos cómo Dios nos creó y cómo le hemos fallado. Sin embargo, Él sigue saliendo a rescatarnos y, tras nuestra larga historia de intentos por darle la alabanza debida, acabó entrando en nuestro pecado para salvarnos.

Lecturas recomendadas

Mysterium Paschale: The Mystery of Easter, de Hans Urs von Balthasar (título de la obra en inglés).

The New Testament and the People of God, de N. T. Wright (título de la obra en inglés).

Imagen de cabecera

El descendimiento de la cruz, obra maestra de Van der Weyden, refleja la angustia de la Virgen María ante el sufrimiento y la muerte de su Hijo. San Juan y algunas de las santas mujeres que presenciaron la crucifixión sostienen a Nuestra Señora, mientras José de Arimatea, Nicodemo y un tercer hombre sujetan el cuerpo de Jesús.

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Citas bíblicas: Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat. Texto histórico en dominio público.

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