…«¡Eso no está en la Biblia!». Es una objeción frecuente de los protestantes a los católicos. Podríamos dejarlo ahí, pero el problema es que la mayoría de los católicos no sabemos responder adecuadamente. Eso debería avergonzarnos. Lo cierto es que nuestras creencias y nuestras prácticas se fundamentan en la Escritura.
La Iglesia de Jesús se expandió rápidamente después de Pentecostés. Podemos leerlo en los Hechos de los Apóstoles y en las epístolas que vienen después. En estas partes de la Escritura aparecen las pruebas y tribulaciones de una nueva fe que se consideraba ilegal y cuya profesión podía castigarse con la muerte. Durante este periodo se fueron configurando muchas de las prácticas y creencias de la Iglesia católica.
A continuación se examinan, una por una, distintas creencias y prácticas católicas, seguidas de ejemplos de su fundamento en la Escritura. No se pretende ofrecer un estudio exhaustivo.
Los sacramentos
Bautismo
En el bautismo se derrama agua sobre la cabeza de un niño o de una persona no bautizada, mientras quien bautiza invoca a la Santísima Trinidad. Al cristiano recién bautizado se le perdonan el pecado original y todos sus pecados personales, y se convierte en hijo adoptivo de Cristo y en miembro de la Iglesia.
Jesús dio ejemplo al ser bautizado en el río Jordán por su primo Juan el Bautista.
Por este tiempo vino Jesús de Galilea al Jordán en busca de Juan para ser de él bautizado.
Mateo 3, 13 — Torres Amat
Al ascender a los cielos, Jesús mandó a los apóstoles que bautizaran a otros.
Id, pues, e instruid a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
Mateo 28, 19 — Torres Amat
Confirmó la importancia del bautismo con estas palabras:
En verdad, en verdad te digo, respondió Jesús, que quien no renaciere por el bautismo del agua, y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios.
Juan 3, 5 — Torres Amat
La práctica de bautizar a los niños comenzó muy pronto en la historia de la Iglesia, posiblemente en tiempos de los apóstoles, pues el Nuevo Testamento recoge relatos de familias enteras que reciben el bautismo.
Y una mujer llamada Lidia, que comerciaba en púrpura o grana, natural de Tiatira, temerosa de Dios, estaba escuchando; y el Señor le abrió el corazón para recibir bien las cosas que Pablo decía.
Habiendo, pues, sido bautizada ella y su familia,…
Hechos 16, 14–15 — Torres Amat
…bauticé también a la familia de Estéfanas…
1 Corintios 1, 16 — Torres Amat
Confirmación
En la Confirmación, al cristiano bautizado se le unge la frente con el santo crisma. Tras la imposición de la mano, el ministro dice: «Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo». En la Escritura, el bautismo y la efusión del Espíritu Santo suelen aparecer unidos, y la Iglesia enseña que la Confirmación completa la gracia bautismal.
nos ha salvado, no a causa de las obras de justicia que hubiésemos hecho, sino por su misericordia, haciéndonos renacer por el bautismo, y renovándonos por el Espíritu Santo,
Tito 3, 5 — Torres Amat
Después de Pentecostés, los apóstoles imponían las manos a los cristianos recién bautizados, y así recibían el don del Espíritu Santo.
Sabiendo, pues, los apóstoles, que estaban en Jerusalén, que los samaritanos habían recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan.
Estos en llegando, hicieron oración por ellos a fin de que recibiesen al Espíritu Santo.
Porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente estaban bautizados en nombre del Señor Jesús.
Entonces les imponían las manos, y luego recibían al Espíritu Santo.
Hechos 8, 14–17 — Torres Amat
Eucaristía
Cuando el sacerdote pronuncia las palabras de la consagración —las que Cristo dijo en la Última Cena—, los católicos creemos que el pan y el vino del altar se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo.
Después tomó el pan, dio gracias, lo partió, y se los dio, diciendo: Este es mi cuerpo, el cual se da por vosotros; haced esto en memoria mía.
Del mismo modo tomó el cáliz después que hubo cenado, diciendo: Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre, que se derramará por vosotros.
Lucas 22, 19–20 — Torres Amat
Cuando Jesús habló a la multitud sobre la Eucaristía, muchos quedaron confundidos y escandalizados. Pero Cristo reafirmó que la Eucaristía —su propio cuerpo y su sangre— es el camino hacia el cielo.
Yo soy el pan vivo, que he descendido del cielo. Quien comiere de este pan, vivirá eternamente; y el pan que yo daré, es mi misma carne, la cual daré yo para la vida o salvación del mundo.
Comenzaron entonces los judíos a altercar unos con otros, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo, que si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y no bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros.
Quien come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el último día.
Porque mi carne verdaderamente es comida, y mi sangre es verdaderamente bebida.
Quien come mi carne y bebe mi sangre, en mí mora, y yo en él.
Juan 6, 51–56 — Torres Amat
Encontrarás mucho más sobre esto en el tema dedicado específicamente a la Eucaristía (en inglés).
Confesión
En la confesión, los penitentes se arrepienten de sus pecados, los confiesan al sacerdote y después reparan por ellos cumpliendo una penitencia. Con la autoridad de la Iglesia, el sacerdote perdona los pecados en nombre de Cristo. Cuando Jesús enseñó a sus discípulos a orar, les indicó que pidieran perdón a Dios.
Y perdónanos nuestros pecados, puesto que también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación.
Lucas 11, 4 — Torres Amat
Al llamar a sus discípulos, Jesús les pidió que se arrepintieran.
Y diciendo: Se ha cumplido ya el tiempo, y el reino de Dios está cerca: Haced penitencia, y creed las buenas nuevas.
Marcos 1, 15 — Torres Amat
Solo Dios puede perdonar los pecados, pero Jesús confió a sus apóstoles el poder de absolverlos.
El cual les repitió: La paz sea con vosotros. Como mi Padre me envió, así os envío también a vosotros.
Dichas estas palabras, alentó, o dirigió el aliento, hacia ellos; y les dijo: Recibid el Espíritu Santo,
quedan perdonados los pecados a aquellos a quienes los perdonareis; y quedan retenidos a los que se los retuvieres.
Juan 20, 21–23 — Torres Amat
Después de la ascensión de Cristo, los discípulos salen al mundo y continúan su ministerio de reconciliación.
Y toda ella es obra de Dios, el cual nos ha reconciliado consigo por medio de Cristo, y a nosotros nos ha confiado el ministerio de la reconciliación.
Porque Dios era el que reconciliaba consigo al mundo en Jesucristo, no imputándoles a ellos sus delitos, y él es el que nos ha encargado a nosotros predicar la reconciliación.
Somos, pues, como unos embajadores en nombre de Cristo, y es Dios mismo el que nos exhorta por boca nuestra. Os rogamos, pues, encarecidamente en nombre de Cristo, que os reconciliéis con Dios.
2 Corintios 5, 18–20 — Torres Amat
Unción de los enfermos
En la unción de los enfermos, un sacerdote unge a una persona que afronta dificultades debidas a una enfermedad grave o a la vejez, y pide en la oración que reciba la gracia del sacramento. A lo largo de los Evangelios, Cristo demuestra que puede sanar a las personas, espiritual y físicamente, para bien de quienes sufren y de quienes les rodean.
¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate, toma tu camilla y camina?
Pues para que sepáis que el que se llama Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados: Levántate (dijo al paralítico):
Yo te lo digo; coge tu camilla y vete a tu casa.
Y al instante se puso en pie, y cargando con su camilla, se marchó a vista de todo el mundo; de forma que todos estaban pasmados, y dando gloria a Dios decían: Jamás habíamos visto cosa semejante.
Marcos 2, 9–12 — Torres Amat
Jesús dijo también que sus discípulos tendrían poder para curar a los enfermos.
A los que creyeren, acompañarán estos milagros: En mi nombre lanzarán los demonios, hablarán nuevas lenguas,
…pondrán las manos sobre los enfermos, y quedarán éstos curados.
Marcos 16, 17–18, extracto — Torres Amat
San Pablo escribió sobre el don de curación.
Pero los dones visibles del Espíritu Santo se dan a cada uno para la utilidad.
Así el uno recibe del Espíritu Santo el don de hablar con profunda sabiduría; otro recibe del mismo Espíritu el don de hablar con mucha ciencia;
a éste le da el mismo Espíritu una fe o confianza extraordinaria; al otro la gracia de curar enfermedades por el mismo Espíritu;
1 Corintios 12, 7–9 — Torres Amat
La Iglesia cree en la curación de los enfermos mediante el cuidado físico de quienes sufren, la oración de intercesión y la unción de los enfermos, un rito descrito por Santiago.
¿Está enfermo alguno entre vosotros?; llame a los presbíteros de la Iglesia, y oren por él, ungiéndole con óleo en el Nombre del Señor.
Y la oración nacida de la fe salvará al enfermo, y el Señor le aliviará; y si se halla con pecados, se le perdonarán.
Santiago 5, 14–15 — Torres Amat
Orden sacerdotal
En el Antiguo Testamento, Dios reservó la tribu de Leví para el servicio litúrgico. El Nuevo Testamento vincula el ministerio sacerdotal de la nueva alianza con el de la antigua.
Porque todo sumo sacerdote entresacado de los hombres, es puesto para beneficio de los hombres, en lo que mira al culto de Dios, a fin de que ofrezca dones y sacrificios por los pecados,
…Ni nadie se apropie esta dignidad, si no es llamado de Dios, como Aarón.
Así también, Cristo no se arrogó la gloria de hacerse sumo sacerdote, sino que se la dio el que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy.
Al modo que también en otro lugar dice: Tú eres sacerdote eternamente, según el orden de Melquisedec.
Hebreos 5, 1.4–6 — Torres Amat
Mediante el sacramento del Orden continúa la misión que Cristo confió a sus apóstoles, algo que comenzó en los primeros días de la Iglesia.
La causa porque te dejé en Creta, es para que arregles y corrijas las cosas que falten, y establezcas en cada ciudad presbíteros, conforme yo te prescribí,
Tito 1, 5 — Torres Amat
El Orden comprende tres grados: el episcopado, el presbiterado y el diaconado; es decir, obispos, sacerdotes y diáconos. El sacramento se confiere mediante la imposición de las manos, seguida de una solemne oración de ordenación.
No malogres la gracia que tienes por la consagración, la cual se te dio a pesar de tus pocos años en virtud de particular revelación, con la imposición de las manos de los presbíteros.
1 Timoteo 4, 14 — Torres Amat
Por esta causa te exhorto a que avives la gracia de Dios, que reside en ti por la imposición de mis manos.
2 Timoteo 1, 6 — Torres Amat
Según el Catecismo de la Iglesia Católica, en la Iglesia latina los sacerdotes permanecen célibes para consagrarse al Señor con un corazón indiviso.
Porque hay unos eunucos que nacieron tales del vientre de sus madres; hay eunucos que fueron castrados por los hombres; y eunucos hay que se castraron en cierta manera a sí mismos por amor del reino de los cielos. Aquel que puede ser capaz de eso séalo.
Mateo 19, 12 — Torres Amat
Ahora bien; yo deseo que viváis sin cuidados ni inquietudes. El que no tiene mujer, anda únicamente solícito de las cosas del Señor, y en lo que ha de hacer para agradar a Dios.
1 Corintios 7, 32 — Torres Amat
Matrimonio
En el matrimonio, un hombre y una mujer se entregan libremente el uno al otro en una unión vinculante para toda la vida. La Sagrada Escritura comienza con la creación del hombre y la mujer y concluye con unas bodas.
Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya: a imagen de Dios le creó; los creó varón y hembra.
Génesis 1, 27 — Torres Amat
gocémonos, y saltemos de júbilo, y démosle la gloria, pues son llegadas las bodas del Cordero y su esposa se ha puesto de gala o ataviada;
Apocalipsis 19, 7 — Torres Amat
La fidelidad de Dios a Israel en el Antiguo Testamento refleja un matrimonio fiel, aunque el trato de los israelitas a Dios se parece más a un matrimonio infiel.
Me dijo el Señor: Ve aún, y ama a una mujer que ha sido amada de su amigo y adúltera: así como el Señor ama a los hijos de Israel, y ellos vuelven sus ojos hacia los dioses ajenos…
Oseas 3, 1, extracto — Torres Amat
Según el Catecismo: «Al contemplar la alianza de Dios con Israel bajo la imagen de un amor conyugal exclusivo y fiel, los profetas prepararon la conciencia del pueblo elegido para comprender más profundamente la unidad y la indisolubilidad del matrimonio».
Cristo habló expresamente a sus seguidores del matrimonio como una unión para toda la vida.
Ellos dijeron: Moisés permitió repudiarla, precediendo escritura legal del repudio.
A los cuales replicó Jesús : En vista de la dureza de vuestro corazón os dejo mandado eso.
Pero al principio, cuando los creó Dios, formó a un hombre y a una mujer;
por cuya razón, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se juntará con su mujer;
y los dos no compondrán sino una sola carne, de manera que ya no son dos, sino una sola carne:
No separe, pues, el hombre lo que Dios ha juntado.
Después en casa, le tocaron otra vez sus discípulos el mismo punto.
Y él les inculcó: Cualquiera que desechare a su mujer y tomare otra, comete adulterio contra ella.
Y si la mujer se separa de su marido y se casa con otro es adúltera.
Marcos 10, 4–12 — Torres Amat
Jesús realizó su primer milagro en las bodas de Caná, donde convirtió el agua en vino. «La Iglesia da una gran importancia a la presencia de Jesús en las bodas de Caná», dice el Catecismo. «Ve en ella una confirmación de la bondad del matrimonio y el anuncio de que, desde entonces, el matrimonio será un signo eficaz de la presencia de Cristo».
San Pablo pidió a los efesios que amaran a sus esposas con un amor dispuesto al sacrificio.
Vosotros, maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a su Iglesia, y se sacrificó por ella,
Efesios 5, 25 — Torres Amat
La autoridad de la Iglesia
Jesús dio a sus apóstoles autoridad para continuar su misión. Pedro recibió las llaves del Reino y fue el primer papa de la Iglesia católica, en una sucesión ininterrumpida que llega hasta nuestros días. Estos son algunos pasajes de la Escritura que muestran la autoridad de la Iglesia:
Entonces Jesús, acercándose, les habló en estos términos: A mí se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra.
Id, pues, e instruid a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
enseñándolas a observar todas las cosas que yo os he mandado. Y estad ciertos que yo mismo estaré siempre con vosotros, hasta la consumación de los siglos.
Mateo 28, 18–20 — Torres Amat
El cual les repitió: La paz sea con vosotros. Como mi Padre me envió, así os envío también a vosotros.
Juan 20, 21 — Torres Amat
Quien a vosotros recibe, a mí me recibe; y quien a mí me recibe, recibe a aquel que me ha enviado a mí.
Mateo 10, 40 — Torres Amat
El que os escucha a vosotros, me escucha a mí; y el que os desprecia a vosotros, a mí me desprecia. Y quien a mí me desprecia, desprecia a aquel que me ha enviado.
Lucas 10, 16 — Torres Amat
Y yo te digo que tú eres Pedro, y que sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y las puertas o poder del infierno no prevalecerán contra ella.
Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares sobre la tierra, será también atado en los cielos; y todo lo que desatares sobre la tierra, será también desatado en los cielos.
Mateo 16, 18–19 — Torres Amat
El celibato clerical
Porque hay unos eunucos que nacieron tales del vientre de sus madres; hay eunucos que fueron castrados por los hombres; y eunucos hay que se castraron en cierta manera a sí mismos por amor del reino de los cielos. Aquel que puede ser capaz de eso séalo.
Mateo 19, 12 — Torres Amat
Pecado venial y pecado mortal
El que sabe que su hermano comete un pecado que no es de muerte, ruegue por él, y Dios dará la vida al que peca no de muerte. Hay un pecado de muerte, no hablo yo de tal pecador cuando ahora digo que intercedáis.
Toda prevaricación es pecado, mas hay un pecado que acarrea sin remedio la muerte eterna.
1 Juan 5, 16–17 — Torres Amat
La intercesión de los santos
y exclamó diciendo: ¡Padre mío Abrahán!, compadécete de mí y envíame a Lázaro, para que mojando la punta de su dedo en agua, me refresque la lengua, pues me abraso en estas llamas.
Le respondió Abrahán: Hijo, acuérdate que recibiste bienes durante tu vida, y Lázaro al contrario males; y así éste ahora es consolado, y tú atormentado;
Lucas 16, 24–25 — Torres Amat
Y al momento el velo del templo se rasgó en dos partes, de arriba abajo, y la tierra tembló, y se partieron las piedras;
y los sepulcros se abrieron, y los cuerpos de muchos santos que habían muerto resucitaron,
y saliendo de los sepulcros después de la resurrección de Jesús, vinieron a la ciudad santa, y se aparecieron a muchos.
Mateo 27, 51–53 — Torres Amat
Y cuando hubo abierto el libro, los cuatro animales y los veinticuatro ancianos se postraron ante el Cordero, teniendo todos cítaras y copas, o incensarios de oro, llenos de perfumes, que son las oraciones de los santos.
Apocalipsis 5, 8 — Torres Amat
Las oraciones por los difuntos
Y habiendo recogido en una colecta que mandó hacer, doce mil dracmas de plata, las envió a Jerusalén, a fin de que se ofreciese un sacrificio por los pecados de estos difuntos, teniendo, como tenía, buenos y religiosos sentimientos acerca de la resurrección,
(Pues si no esperara que los que habían muerto habían de resucitar, habría tenido por cosa superflua e inútil el rogar por los difuntos);
Y porque consideraba que a los que habían muerto después de una vida piadosa, les estaba reservada una grande misericordia.
Es pues un pensamiento santo y saludable el rogar por los difuntos, a fin de que sean libres de las penas de sus pecados.
2 Macabeos 12, 43–46 — Torres Amat
La oración del avemaría
Y habiendo entrado el ángel a donde ella estaba, le dijo: Dios te salve, ¡oh llena de gracia!, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres.
Lucas 1, 28 — Torres Amat
y exclamando en voz alta, dijo: ¡Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre!
Lucas 1, 42 — Torres Amat
(La segunda parte es sencillamente una petición basada en los pasajes anteriores).
Las buenas obras: no solo la fe (sola fide)
¿De qué servirá, hermanos míos, el que uno diga tener fe, si no tiene obras? ¿Por ventura la fe podrá salvarle?
Santiago 2, 14 — Torres Amat
En suma, como un cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin las obras está muerta.
Santiago 2, 26 — Torres Amat
Y aunque tuviera el don de profecía, y penetrase todos los misterios, y poseyese todas las ciencias; aunque tuviera toda la fe posible, de manera que trasladase de una a otra parte los montes, no teniendo amor, soy un nada.
1 Corintios 13, 2 — Torres Amat
Así que salió para ponerse en camino, vino corriendo uno, y arrodillado a sus pies, le preguntó: ¡Oh buen Maestro!, ¿qué debo yo hacer para conseguir la vida eterna?
Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios.
Ya sabes los mandamientos: No cometer adulterio, no matar, no hurtar, no decir falso testimonio, no hacer mal a nadie, honrar a padre y madre.
A esto respondió él, y le dijo: Maestro, todas esas cosas las he observado desde mi mocedad.
Y Jesús mirándole de hito en hito, mostró quedar prendado de él, y le dijo: Una cosa te falta aún, anda, vende cuanto tienes, y dalo a los pobres, que así tendrás un tesoro en el cielo; y ven después y sígueme.
Marcos 10, 17–21 — Torres Amat
Entonces les responderá: Os digo en verdad: Siempre que dejasteis de hacerlo con alguno de estos mis pequeños hermanos, dejasteis de hacerlo conmigo.
Y en consecuencia, irán éstos al eterno suplicio, y los justos a la vida eterna.
Mateo 25, 45–46 — Torres Amat
La veneración de María
A continuación… La historia del mundo es «historia de la salvación». Es nuestra historia y nuestra relación con Dios.

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Sinopsis
A menudo se acusa a los católicos de tener creencias y prácticas que no están en la Biblia. No es bueno que estas falsas acusaciones sean tan frecuentes, pero lo peor es que muchas veces los católicos no sabemos responder a esas burlas.
Lecturas recomendadas
Catecismo de la Iglesia Católica, Libreria Editrice Vaticana.
The Bible Compass: A Catholic’s Guide to Navigating the Scriptures, de Edward Sri (título de la obra en inglés).
Imagen de cabecera
El río Jordán serpentea por el primer plano de la composición de Poussin, en la que aparecen trece personas. Cristo está a la derecha de la imagen; a su izquierda, que representa el paraíso, dos figuras —posiblemente ángeles sin alas— se arrodillan para asistirle. San Juan sostiene un recipiente sobre la cabeza de Cristo, en el lado terrenal del Jordán, a su derecha.
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Citas bíblicas: Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat, texto histórico en dominio público. Las diferencias de redacción y numeración respecto de otras ediciones se deben a la traducción bíblica citada.