Tema 6: breve historia de la Iglesia católica

…Ya hemos abordado la «historia de la salvación»; ahora vamos a tratar la historia de la Iglesia tal como suele entenderse: a través de acontecimientos, épocas, fechas, lugares, etc. Desde que Jesús fundó la Iglesia católica por medio de Pedro, su historia ha ocupado un lugar central en toda la civilización.

Al margen del relato evangélico sobre cómo Jesús estableció su Iglesia con Pedro, la mejor forma de situar la historia de la Iglesia católica es relacionarla con la historia de la salvación. Jesús preparó el camino, pero también indicó claramente que habría un momento para comenzar, y su promesa se cumplió en Pentecostés, cuando el Espíritu Santo vino sobre sus apóstoles y los demás discípulos. A esto lo llamamos «el nacimiento de la Iglesia». Este será nuestro punto de partida para recorrer la historia de nuestra Iglesia.

Al final de este tema encontraréis dos excelentes vídeos que os permitirán profundizar en este recorrido.

Observaréis cuántas convulsiones ha atravesado la Iglesia a lo largo de su historia. Tened presente también que la Iglesia se renueva constantemente. A menudo se consideran acontecimientos como la Reforma protestante como la gran crisis de la historia de la Iglesia, pero, como veréis, el mundo está continuamente en lucha con ella y, aun así, la Iglesia perdura.

La era de los mártires (aproximadamente, 33-313)

Después de Pentecostés, el «Camino» era, en realidad, una prolongación del judaísmo. Los primeros seguidores solían ver en Jesús el cumplimiento de las Escrituras y mantenían muchas tradiciones judías. Sin embargo, surgió un intenso debate —por ejemplo, sobre la circuncisión— que planteó cuestiones importantes acerca de a quién iba dirigido este «Camino». Pedro y Pablo fueron figuras clave en ese debate. Hacia el año 50 d. C. se reunió el Concilio de Jerusalén y se alcanzaron suficientes acuerdos para que, desde entonces, el «Camino» se dedicase a evangelizar a todo el mundo. Pablo emprendió su célebre misión por la región, descrita en los Hechos de los Apóstoles y en sus diversas epístolas.

A partir de entonces, el cristianismo se difundió mucho más entre los gentiles que entre los judíos, pero la buena noticia de Jesucristo estaba abierta a todos. Aquí entra en juego el uso de «católica». Uno de los significados de «católica» es «universal», y se aplicó a la Iglesia para dejar claro que está abierta a todos.

Los dirigentes judíos redoblaron sus esfuerzos por acabar con estos cristianos, y la Iglesia tuvo que afrontar una amenaza aún mayor: Roma.

Durante esta época actuaban dos fuerzas dentro de la Iglesia. Por una parte, y sobre todo en lo que respecta a Pedro, la Iglesia sabía que debía empezar a constituirse como institución. Se consideraban necesarias unas prácticas formales, una jerarquía, la organización de las Escrituras, etc., para que el movimiento creciese. Al mismo tiempo, Pablo y otros apóstoles y discípulos impulsaban con fervor la misión por el mundo conocido. Conviene recordar que la idea general era que Cristo regresaría de un día para otro; por ello, al principio, la labor misionera tuvo mayor peso que la organización institucional.

La actividad misionera de la Iglesia en los comienzos de esta etapa está bien documentada en los Hechos y las epístolas, pero los esfuerzos por dar forma a la institución son menos conocidos. Tres de los grandes logros de este periodo fueron la constitución del clero, la formación del Nuevo Testamento y la formulación de los credos, que establecieron un conjunto explícito y universal de creencias.

Hay otros tres aspectos fundamentales de esta primera etapa de la Iglesia:

  1. La Resurrección fue decisiva para el nacimiento de la Iglesia. En aquella época hubo muchísimos profetas que afirmaban ser el Mesías. Aparecieron, desaparecieron y quedaron olvidados por la historia. La buena noticia de Jesucristo, en cambio, se extendió como la pólvora. Más aún: incorporarse a este «Camino» suponía una sentencia de muerte. Los apóstoles y los demás discípulos que habían visto a Cristo resucitado no tenían miedo y viajaron hasta los confines de la tierra para difundir la Palabra. El cristianismo sin la Resurrección carece de sentido.
  2. En la Iglesia primitiva, estos creyentes habían conocido a Cristo, habían presenciado la Resurrección o estaban muy próximos a quienes habían sido testigos. Practicaban y creían buena parte de lo que la Reforma protestante abandonó: la Eucaristía como verdadero Cuerpo y Sangre de Jesús, el bautismo de los niños, la confesión ante el clero, la devoción a María, la comprensión de que el Antiguo Testamento no debía abandonarse, sino entenderse a la luz de Jesús como cumplimiento pleno de aquella alianza anterior, la necesidad de la fe y las buenas obras, y mucho más.
  3. Fue una época marcada por el martirio. Los romanos utilizaban expresamente la palabra «cristiano» para designar a un traidor, a alguien que sería ejecutado por el mero hecho de reconocer esa fe. El cristianismo se extendió porque sus creyentes estaban dispuestos a morir —con alegría— por Cristo. Si leéis sobre las grandes figuras de la Iglesia de aquel tiempo, veréis que casi todas murieron mártires. Todo esto cambió con el emperador Constantino; pero antes conviene hablar de otra época importante que se solapa con esta.

La era patrística (desde el año 33 hasta el siglo VIII; se solapa con la era de los mártires)

«Patrística» remite al latín pater, que significa «padre». Desde el tiempo de Cristo hasta aproximadamente el siglo VIII —no hubo un acontecimiento concreto que pusiera fin a esta época—, los primeros Padres de la Iglesia desempeñaron un papel fundamental en la formación de la fe católica. Como se afirma claramente en las Escrituras, Jesús mismo y, después, Pentecostés otorgaron autoridad a los apóstoles y a los demás discípulos para que la transmitieran a lo largo de los siglos y convirtieran al mundo.

La Iglesia luchaba constantemente por su propia existencia. Sus enemigos no eran solo políticos —Roma—: las herejías nacidas de una teología errónea suponían un peligro aún mayor y permanente. Es importante comprender que, sin las aportaciones de Padres de la Iglesia como Clemente de Roma, Ignacio de Antioquía, Justino Mártir, Ireneo de Lyon, Tertuliano, Orígenes de Alejandría, Cipriano de Cartago, Juan Crisóstomo, Jerónimo y Agustín, el cristianismo no habría sobrevivido.

Etapa 2: se levanta la prohibición de la Iglesia católica (313-600 d. C.)

En el año 313 d. C., el emperador Constantino, tras una victoria militar que atribuyó al «Dios de los cristianos», legalizó el cristianismo mediante el Edicto de Milán y, posteriormente, en el año 325, lo convirtió en la religión oficial del Imperio romano.

La Iglesia comenzó entonces a crecer con rapidez. Al representar ya la religión «oficial», se incorporaron muchas personas que antes habían temido la persecución; otras se unieron simplemente porque les favorecía socialmente. En cualquier caso, la primera tarea fue establecer numerosos y amplios lugares de culto.

Hasta entonces, los obispos eran los únicos que atendían las celebraciones de culto. Esto dejó de ser viable ante el rápido crecimiento de los fieles. Surgió así otro nivel del clero, bajo los obispos, encargado de atender a grupos de fieles: los sacerdotes. A estos sacerdotes se les encomendaron las nuevas «parroquias» locales.

Durante este periodo también surgió un importante problema relacionado con los clérigos que habían negado la fe por miedo a la persecución. Fue una de las primeras grandes controversias de la Iglesia y, gracias a san Agustín, se dio respuesta a la cuestión. En esta época empezó a tomar forma el modo de resolver las grandes decisiones teológicas y dogmáticas.

Quizá la más peligrosa de aquellas primeras herejías fue el arrianismo. Lo inició un hombre llamado Arrio, que afirmaba que Jesús no era divino. Esto dividió profundamente a la Iglesia primitiva. Todavía hoy, su resolución se hace presente en la misa cuando todos recitamos el Credo, cuyas declaraciones de fe refutan el arrianismo.

Una vez legalizada la Iglesia, durante esta época surgieron grandes centros del cristianismo en Antioquía, Alejandría, Constantinopla y Jerusalén.

Etapa 3: la Iglesia, sola

Al final de la etapa anterior, durante los siglos V y VI, el poder político de Roma decayó considerablemente. Constantinopla se convirtió en una entidad política más poderosa, de modo que la Iglesia quedó como la única fuente de organización para gran parte de Europa occidental. Durante este tiempo, los papas adquirieron mucho más poder, sencillamente porque no había otras grandes autoridades políticas.

Durante varios siglos, Europa occidental no contó con ninguna entidad política o cultural dominante, salvo la Iglesia católica. En Oriente sucedía lo contrario: en Constantinopla y en los demás centros de la Iglesia, la sociedad prosperaba política y culturalmente. Esta situación desembocaría en el cisma de 1054. Lo trágico de aquella separación es que, en realidad, no era necesaria; solo en los últimos ochenta años aproximadamente ha empezado a sanar.

Las órdenes monásticas comenzaron a florecer durante esta época, pero también aumentaron la confusión y la corrupción vinculadas a los distintos niveles de autoridad de la Iglesia. Europa atravesaba la llamada «Edad Oscura» y habría quedado sumida en un caos y una oscuridad completos de no haber sido por la presencia de la Iglesia.

Etapa 4: el renacer (1000-1517 d. C.)

En 1054 se produjo el gran cisma de la Iglesia, que separó a Oriente de Roma, pero poco después comenzaron las reformas. En 1059, por ejemplo, se reformó la elección del papa. La Iglesia se libraría de influencias seculares que habían provocado mucha corrupción. Ahora que los obispos dependían plenamente de la Iglesia y no eran simplemente designados por los gobernantes locales de Europa, la Iglesia experimentó una profunda transformación en su propósito y su santidad.

Las universidades aparecieron por primera vez hacia la mitad de esta etapa. Tomás de Aquino, en la Universidad de París, escribió su Suma teológica, una de las obras más importantes de la historia del cristianismo, la teología y la filosofía.

Los monasterios, que en la etapa anterior también habían tenido problemas de corrupción, prosperaron: recuperaron una vida sencilla, la atención a los pobres y la revitalización de la fe. Durante este periodo surgieron por toda Europa y más allá de sus fronteras.

Dos grandes rasgos de esta época fueron las Cruzadas y el Renacimiento. Aunque las motivaciones de las Cruzadas fueron a menudo cuestionables, estas dieron a la Iglesia un impulso común. El Renacimiento trajo grandes avances en el arte y la música. Por todo el mundo conocido se levantaron magníficas catedrales y se crearon obras de arte cristiano, muchas de las cuales siguen existiendo y todavía se consideran cimas de sus respectivas artes.

Las ciencias dieron grandes pasos adelante. Al igual que ocurrió con el Renacimiento, casi todos estos avances fueron promovidos por la Iglesia católica.

Por desgracia, las reformas de la Iglesia no llegaron lo bastante lejos. A menudo el clero carecía de formación, y el escándalo era habitual en parroquias demasiado alejadas de la atención de Roma. Al llegar los siglos XV y XVI, la Iglesia católica se encontraba al borde de una gran crisis.

Etapa 5: reforma y convulsiones (1517-1962 d. C.)

Como la etapa del renacer había dejado sin resolver grandes problemas —el clero poco formado, la corrupción y prácticas heréticas como la venta de indulgencias—, la Iglesia era un polvorín al entrar en el siglo XV.

Dentro de la Iglesia había muchos reformadores, pero sus voces no eran escuchadas. Con la publicación de las noventa y cinco tesis de Martín Lutero se puso en marcha la Reforma protestante.

Desde la perspectiva de la Iglesia católica, uno de sus grandes fallos hasta aquel momento de su historia era la escasez de declaraciones formales sobre su teología y sus prácticas. Existían numerosos documentos y decretos particulares, pero faltaba una estructura básica que reuniese todas las creencias de la Iglesia.

En 1569, el Concilio de Trento aportó uniformidad a la liturgia y a otras prácticas de la Iglesia. Sin embargo, la Reforma ya estaba demasiado consolidada y una parte importante de los fieles había comenzado a separarse.

No se suele hablar mucho de la enorme violencia, destrucción y muerte que la Reforma protestante llevó a Europa. Fue una época oscura para el cristianismo.

Durante esta etapa de reforma y convulsiones, la Iglesia católica tuvo que adaptarse continuamente a su lugar en el mundo. Crecieron los movimientos seculares y la Ilustración pareció declarar la guerra a la religión organizada.

Sin embargo, mientras la Iglesia vivía una situación caótica en Europa, su actividad misionera se multiplicó por todo el mundo. La Iglesia se extendió por el Nuevo Mundo, África y Asia. La aparición mariana de Nuestra Señora de Guadalupe en México atrajo a la Iglesia católica a más conversos que todos los fieles perdidos a causa de la Reforma protestante.

Etapa 6: el Concilio Vaticano II y la época contemporánea

El Concilio Vaticano II introdujo numerosas actualizaciones y reformas en la Iglesia católica. Tal vez su gran tema de fondo fue dar una participación mucho mayor a los «laicos», es decir, a los fieles corrientes, en la vida de la Iglesia. La misa pasó a celebrarse en las lenguas locales, se actualizó la liturgia y se llamó a todos los creyentes a participar en el crecimiento de la Iglesia.

También se aclaró y formuló de manera más precisa la relación de la Iglesia católica con las demás iglesias, y se reafirmó que la Eucaristía es fuente y culmen de nuestra fe.

Por desgracia, en muchas partes del mundo el Concilio Vaticano II no se aplicó bien. Las homilías se volvieron vagas, con poca atención a las Escrituras y con una tendencia de los sacerdotes a intentar «conectar» con el público. La calidad de la catequesis descendió drásticamente y, todavía hoy, muchos católicos actuales apenas conocen los aspectos más importantes de su fe.

Una buena visión general de cómo encaja el cristianismo en la historia (vídeo original en inglés):

Una historia muy extensa y detallada de la Iglesia católica desde una perspectiva puramente histórica (vídeo original en inglés):

A continuación… Tomados de las Escrituras, los siete sacramentos son uno de los grandes dones de la Iglesia al mundo y nos ofrecen maravillosos encuentros con Cristo.

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Síntesis

La historia de la Iglesia católica refleja buena parte de la historia del mundo. Está marcada por una renovación constante después de grandes adversidades. Época tras época, la Iglesia católica perdura y encuentra un nuevo renacer, hasta nuestros días.

Lecturas recomendadas

History of the Catholic Church: From the Apostolic Age to the Third Millennium, de James Hitchcock (en inglés).

Lives of the Saints, de Alban Butler (en inglés).

Imagen de cabecera

La basílica de San Pedro, situada en el Vaticano, es una obra maestra del Renacimiento y se alza como símbolo de Roma y de toda la cristiandad. Este enorme edificio es una de las cuatro basílicas mayores del mundo y se construyó sobre la tumba de san Pedro, uno de los doce apóstoles de Jesucristo.

El papa Julio II ordenó su construcción en 1506; las obras tardaron unos ciento veinte años en completarse. Entre los grandes pintores y arquitectos renacentistas que participaron figuran Miguel Ángel y Rafael. En este sitio web podéis leer sobre todo lo que hace de esta catedral una maravilla arquitectónica.

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