…Rezar el rosario con regularidad es una práctica antigua, quizá más importante hoy que hace siglos, y puede ser una de las armas más poderosas contra las distracciones del mundo actual. Es una oración cíclica, serena y nutritiva: cuando empecéis a rezarla, querréis hacerlo cada vez más.
Podemos entender el rosario como una forma de ajustar la velocidad de la mente y del alma. Al rezarlo, vamos apagando la mente que el mundo moderno mantiene siempre acelerada. El alma no se mueve a ese ritmo: necesita un paso deliberado, contemplativo y paciente. El rosario nos ayuda a acompasarnos con él.
Comienza con un objeto físico que vemos, tocamos y recorremos mientras rezamos. Su forma es circular: terminamos donde empezamos. El ritmo es esencial. Debe rezarse a un paso sereno y constante, que deje espacio para contemplar.
Sus orígenes no se conocen con precisión. Hay indicios del uso de cuentas para contar oraciones desde los primeros tiempos de la Iglesia, aunque las primeras menciones de una práctica semejante al rosario aparecen hacia el siglo XII.
Entre los siglos XII y XV fue cambiando su forma. Se llegó a recitar cincuenta avemarías (tema en inglés), cada una acompañada de un versículo de un salmo o una frase sobre la vida de Jesús y María. Esta oración recibió el nombre de rosarium, «jardín de rosas», término que también designaba colecciones de obras relacionadas, como antologías sobre un mismo asunto. En el siglo XVI predominó la estructura de cinco decenas y tres grupos de misterios.
Cómo rezar el rosario
El rosario reúne oraciones breves y la contemplación de los misterios correspondientes a cada día de la semana, con variaciones en algunos tiempos litúrgicos. Los cinco misterios del día se meditan en cinco decenas. Comencemos.
Antes de empezar, conviene disponer de un rosario y de un pequeño libro que explique cada misterio, o encontrar un buen canal de un sacerdote, obispo o religiosa que ofrezca vídeos con la explicación de las distintas decenas.
Primero determinamos qué grupo de misterios corresponde al día:
Misterios gozosos: lunes, sábados y domingos de Adviento.
- La Anunciación.
- La Visitación.
- El nacimiento de Jesús.
- La presentación en el templo.
- El Niño Jesús perdido y hallado en el templo.
Misterios dolorosos: martes, viernes y domingos de Cuaresma.
- La oración de Jesús en el huerto.
- La flagelación del Señor.
- La coronación de espinas.
- Jesús con la cruz a cuestas.
- La crucifixión y muerte del Señor.
Misterios gloriosos: miércoles y domingos fuera de Adviento y Cuaresma.
- La Resurrección del Señor.
- La Ascensión del Señor.
- La venida del Espíritu Santo.
- La Asunción de María.
- La coronación de María.
Misterios luminosos: jueves.
- El Bautismo de Jesús en el Jordán.
- Las bodas de Caná.
- El anuncio del Reino de Dios.
- La Transfiguración.
- La institución de la Eucaristía.
Tomad el rosario y haced la señal de la cruz.
Sosteniendo el crucifijo, rezad el Símbolo de los Apóstoles:
Creo en Dios,
Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna.
Amén.
Pasad a la primera cuenta sobre el crucifijo y rezad el Padrenuestro:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén.
En las tres cuentas siguientes, rezad un avemaría en cada una. Podéis pedir respectivamente que crezcan la fe, la esperanza y la caridad, es decir, el amor:
Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
En la siguiente cuenta grande, rezad primero el Gloria:
Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.
Comenzamos ahora a recorrer las decenas. Primero se anuncia el misterio correspondiente. Cada decena sigue estos pasos:
- Anunciad el misterio de esa decena.
- Meditad el misterio. Podéis seguir un vídeo, leer un libro o recordarlo interiormente y contemplarlo durante un momento antes de continuar.
- En la cuenta grande que precede a las diez pequeñas, rezad el Padrenuestro.
- En las diez cuentas pequeñas siguientes, rezad un avemaría en cada una.
- Después de los diez avemarías, rezad el Gloria.
- Terminad con la oración de Fátima:
Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados,
líbranos del fuego del infierno,
lleva al cielo a todas las almas,
especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.
Amén.
Repetid este orden en las cinco decenas del rosario.
Después rezad la Salve:
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.
Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos;
y después de este destierro
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima, oh piadosa,
oh dulce Virgen María!
Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
A continuación se reza la oración final:
Oh Dios, cuyo Hijo único, por su vida, muerte y resurrección, nos ha alcanzado los bienes de la salvación eterna, concédenos que, al meditar los misterios del santísimo rosario de la bienaventurada Virgen María, imitemos lo que contienen y alcancemos lo que prometen. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Terminad el rosario con la señal de la cruz.
¿Con qué frecuencia conviene rezar el rosario?
Lo ideal es rezarlo cada día, pero quizá no sea así como debáis empezar. Al adquirir una práctica regular, descubriréis que deseáis rezarlo con mayor frecuencia.
Comenzad a solas para memorizar las oraciones. Puede llevar algunas semanas. Las dos últimas suelen costar más, pues la mayoría ya conoce las demás, salvo quizá la oración de Fátima, que es breve.
Una buena manera de ampliar esta práctica es llegar pronto a misa y rezarlo antes. Muchas iglesias lo comienzan unos treinta minutos antes de la celebración. El templo estará menos concurrido y será una experiencia hermosa compartir el rosario con otros.
Después buscad el mejor momento para rezarlo en casa. A muchas personas les ayuda a terminar el día, pero cada una es distinta. Hay diversas maneras de hacerlo, y una de las habituales es rezarlo caminando. Sea cual sea vuestra práctica, probablemente descubriréis que, al empezar, queréis rezarlo más.

A continuación… El Credo tiene dos formas, ambas singulares entre las oraciones: no piden ni dan gracias, sino que afirman con firmeza la fe católica.

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Síntesis
Para mantenernos firmes frente a las distracciones del mundo moderno, pocas prácticas igualan al rezo regular del rosario. Aunque a menudo se malinterpreta, está centrado en Cristo. Su recorrido circular calma la mente, alivia el estrés y dispone el corazón para una alabanza recta.
Lecturas recomendadas
Para católicos con una vida de fe consolidada:
El secreto del rosario, de san Luis María Grignion de Montfort (edición del enlace en inglés).
Para nuevos católicos o quienes comienzan a rezar el rosario:
The Rosary: Keeping Company With Jesus and Mary, de Karen Edmisten (en inglés).
Imagen de cabecera
La venerada imagen de la Santísima Virgen María conocida como Nuestra Señora de la Confianza o Madonna della Fiducia se conserva en la basílica de Letrán. Su fiesta se celebra cada año el sábado anterior al Miércoles de Ceniza.
A petición de los seminaristas romanos, el papa Gregorio XVI autorizó al cardenal Carlo Odescalchi a realizar su coronación canónica el 14 de octubre de 1838. También el papa san Pío X tuvo una devoción especial a esta advocación.
El original fue pintado por Carlo Maratta y entregado a Chiara Isabella Fornari, una joven aristócrata que más tarde llegó a ser abadesa del monasterio de clarisas de Todi, en Italia.